¿Existe alguna manera de inferir desde la existencia de una situación la existencia de otra situación completamente diferente?
Dicho de otra manera ¿existe nexo causal que justifique tal inferencia?
Si afirmamos que no y que esto es superstición se producirá un colapso de la jerarquía de valores, el ethos se hará implícito y la responsabilidad explícita.
Si afirmamos que sí y nos dejamos guiar por el nexo causal la heterarquía colapsará, el ethos se hará explícito y la responsabilidad implícita.
Preguntemos de nuevo…
¿Podemos inferir los sucesos del futuro a partir de aquellos del presente?
¿qué papel tiene la ética en la construcción de la sociedad? ¿y la religión en la construcción del individuo?
Ética, de ethos punto de partida, y Religión, de religio volver a conectar o escoger de nuevo, son las claves del puzzle de la me-moriah y constituyen el problema ética-religión, que al igual que el problema mente-cuerpo, los diversos temas y enigmas que presenta son de carácter enteramente lingüístico y lógico. Así el problema ética-religión viene a ser una realización diferente del mismo conjunto de cuestiones lógicas y lingüísticas.
De esta manera enlazo con el texto de Francisco Giner de los Ríos. La enseñanza confesional y la escuela, de 1882, en el que se plantea el papel de la religión y la ética en la educación
"Entre las varias consideraciones con que se defiende la enseñanza confesional- esto es, de las religiones positivas-en la escuela primaria, hay una que conviene tomar nota para rectificarla. Sus patidarios alegan que, sin espíritu religioso, sin levantar el alma del niño al presentimiento siquiera de un orden universal de las cosas, de un supremo ideal de la vida, de un primer principio y nexo fundamental y en vano pretenderá desenvolver íntegramente todas las facultades del niño e iniciarlo en todas las esferas de la realidad y del pensamiento.
Esto, a nuestro ver, es indiscutible. Años ha que un insigne filósofo español, tenido, sin embargo, por impío (como todo filosofo seglar en su tiempo), Sanz del Río, lo proclamaba en un memorable discurso, cuyas páginas dan el más admirable testimonio de la concertada alianza entre la Religión y la Ciencia.
Lo que falta probar es que la elevación de las almas por cima del horizonte visible, la formación del sentido religioso en el niño, requiere el auxilio de los dogmas particulares de una teología histórica, por sabia y respetable que sea, en vez de una dirección amplia y verdaderamente universal, atenta sólo a despertar en aquél esa quaedam perennis religio, ese elemento común que hay en el fondo de todas las confesiones positivas, como, en otro orden, lo hay en el de todos los sistemas filosóficos y en el de todos los partidos políticos, por divergentes y aun hostiles que entre sí parezcan. El mismo ateo- es decir, el ateo que piensa y se quiere llamar tal, no cual se le importa un ardite de todos estos problemas, aparentando a veces por conveniencia creer lo mismo que desprecia en sus adentros- entra a su modo en esa comunión universal, mejor quizá que muchos pseudos-religiosos, pues ya dijo una autoridad inspirada: “¡Cuántos están en la Iglesia visible sin estar en la Iglesia invisible, y al contrario!”.
Precisamente, si hay una educación religiosa que deba darse en la escuela, es esa de la tolerancia positiva, no escéptica e indiferente, de la simpatía hacia todos los cultos y creencias, considerados cual formas, ya rudimentarias, ya superiores y aun sublimes, como el cristianismo, pero encaminadas todas a satisfacer sin duda en muy diverso grado- en el que a cada cual de ellas es posible-según su cultura y demás condiciones, una tendencia inmortal del espíritu humano.
Sobre esa base fundamental, unitaria y común, la más firme para toda edificación subsiguiente, sobre ese respeto y esa simpatía, venga luego a su hora, para los fieles de cada confesión, la enseñanza y la práctica de su culto, confiadas a la dirección de la familia y del sacerdote, y consagradas en el hogar y el templo, donde podrán caber ya diferencias que en la escuela son prematuras, sin otro fundamento que influjos subjetivos y sirven de frecuente estímulo para odiosas pasiones.
Aun entonces allí esa enseñanza debe realizar, entre otras, dos condiciones esenciales: la primera, inspirarse, en medio de su particularidad, de un espíritu de reverencia y tolerancia; y la segunda, procurar a toda costa hacerse accesible al educando, en vez de limitarse a que repita fórmulas abstractas, dogmas enigmáticos para él y oraciones ininteligibles, cuyo mecanismo, impotente para despertar en su alma el sentido de las cosas divinas, ni el de las humanas, ni ninguno, le deja, en realidad, huérfano de toda verdadera educación religiosa.
Por lo dicho se comprende, sin gran dificultad, que, no sólo debe excluirse de la enseñanza confesional o dogmática de las escuelas del Estado, sino aun de las privadas, con una diferencia muy natural, a saber: que de aquéllas ha de alejarla la ley; de éstas, el buen sentido de sus fundadores y maestros.
…..
La escuela privada o pública debe ser, no ya campo neutral, sino maestra universal de paz, de mutuo respeto, más aún, de amor, y despertar doquiera este espíritu humano desde los primeros albores de la vida.
….
…han planteado muchos defensores de la neutralidad confesional en la escuela, es decir, en nombre del llamado “libre examen”, racionalista y en abierta hostilidad a una religión positiva, o a todas. Así es como la denominación de enseñanza laica ha venido a ser en muchas ocasiones bandera agresiva de un partido, muy respetable sin duda, pero que en vez de servir a la libertad, a la tolerancia, a la paz de las conciencias y de las sociedades, sirve en esos casos para todo lo contrario.
…
El movimiento emancipador que desde el siglo XVI, sobretodo, ha venido secularizando, por decirlo así, y consagrando la independencia del Estado, de la moral, de la ciencia, de la industria, de todos los órdenes humanos, ha excedido su fin en la historia y declinado en un como ateísmo, que sólo quiere oír hablar de la vida presente y de los intereses terrenos.
Conforme a este sentido, mucha parte de los defensores de la llamada “enseñanza laica” no lo son por razones jurídicas, ni por las exigencias de una educación verdaderamente racional, sino por combatir el influjo del clero católico o protestante, griego, etc., y fundar una supuesta educación “anticlerical, racionalista y republicana, etc.”
Olvidando que el mismo derecho que tiene la nación a que no se perturbe con preocupaciones e intolerancias la conciencia del niño, lo puede invocar exactamente lo mismo frente a frente del fanatismo anticatólico que del ultramontanismo o de la high church, o del Sínodo ruso; contra los partidos políticos, como contra los religiosos. Unos y otros ponen en peligro, profanan, más bien, la escuela y convierten la educación en obra exclusiva militante y sectaria.
La prohibición inmediata de la enseñanza dogmática o confesional en un pueblo como España, profundamente apegado a la rutina (como todo pueblo revolucionario), merced a nuestro atraso, ¿sería conforme a la ley de evolución y progreso, que pide una preparación adecuada para toda reforma, o más propiamente hablando, que toda reforma se realice sólida y, por tanto, gradualmente? "
Publicado en Omnia #144
martes 30 de octubre de 2007
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